
Las compré cuando salió la primera generación y, contra lo que esperaba, se han convertido en uno de mis wearables favoritos.
Las Meta Ray-Ban aciertan donde otros wearables fallan: parecen unas gafas normales. Llevas cámara para fotos y vídeo en primera persona, audio abierto para música y llamadas, y un asistente a mano sin sacar el teléfono. Esa naturalidad es justo lo que las hace pegajosas.
Capturar un momento sin interponer una pantalla cambia la experiencia, y el audio discreto va sorprendentemente bien para el día a día. A cambio, la batería da para un uso intermitente más que para todo el día, y conviene tener clara la etiqueta social de llevar una cámara puesta.
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